@solitalo

Después de la muerte

Efectivamente, después de la muerte física, el alma culpable sufre un estricto proceso de purgación, tanto más fructífero cuanto más se manifieste su dolor y su arrepentimiento, pues luego de eso podrá elevarse a esferas reconfortantes para su reeducación.

Si la enfermedad experimentada en el instrumento somático fue prolongada y difícil, benditas depuraciones habrán sido logradas mediante la enseñanza del auto-examen, con el cual las aflicciones soportadas con paciencia le modificaron sensaciones y refundieron ideas.

Sin embargo, si esa operación natural no fue posible en el ámbito carnal, más se le agravan los remordimientos más allá de la tumba por estar reprimidos en su conciencia, los cuales, al aflorar a través de la reflexión, renuevan las imágenes que fueran fijadas en su propia alma.

Criminales que no han logrado resarcir los débitos contraídos, instados por el propio arrepentimiento plasman, en torno de sí mismos, las escenas degradantes en que arruinaran su vida íntima, las cuales son alimentadas por los propios pensamientos faltos de gobierno y control.

Calumniadores que aniquilaron la felicidad ajena viven apesadumbrados por el espanto, reavivando en los pliegues de su memoria los padecimientos de sus víctimas, al igual que en el día en que gestaran su descenso al abismo de la angustia, encadenados a la picota de recuerdos obsesionantes.

Tiranuelos diversos vuelven a sentir en los tejidos de su propia alma los golpes arrojados a los demás, y los viciosos de todo tenor, tales como los alcohólicos y drogadictos, experimentan una mortificante insatisfacción, tal como ocurre también a los desequilibrados del sexo, que acumulan en la organización psicosomática las cargas magnéticas del instinto en desvarío, por lo que se muestran en estado de plena alienación.

Las víctimas del remordimiento padecen, de tal manera, por el tiempo correspondiente a las necesidades de ajustamiento, una larga internación en zonas compatibles con el estado espiritual de ellas.

* Concepto de infierno

El infierno de las distintas religiones, en ese aspecto, existe perfectamente como órgano controlador del equilibrio moral en los reinos del

Espíritu, así como la cárcel y el hospital se erigen en la Tierra como instrumentos correctivos y de recuperación.

Más allá de la tumba, sin embargo, esos organismos depurativos, siendo órganos de represión y de cura, congregan a conciencias empedernidas y enfermas, en comunión dolorosa, pero necesaria, en que el mal es enfrentado con el mal mismo a efecto de que, observando y analizando a sus semejantes, se desanime en la faena destructiva en que se empeña. 

Es así que las Inteligencias aún perversas se transforman en Instrumentos reeducativos para aquellos que comienzan a despertar, mediante el dolor y el arrepentimiento, para la imprescindible recuperación.

El infierno, de tal manera, en el clima espiritual de las diversas naciones del planeta, puede ser considerado como una inmensa cárcel-hospital, en que la diagnosis terrestre encontrará realmente todas las afecciones catalogadas por la patología común, además de muchas otras más, desconocidas por el hombre, no propiamente oriundas o sustentadas por la fauna microbiana del ambiente carnal, sino generadas por las profundas disfunciones del cuerpo espiritual y, muchas veces, alimentadas por las formas-pensamientos en torturante desequilibrio, clasificables como larvas mentales, de extremo poder corrosivo y alucinatorio, a pesar de la fugaz duración con que se articulan, cuando no obedecen a ideas infelices largamente sostenidas a través del tiempo.

* Simientes del destino

En esos lugares de rectificadoras situaciones, descarga el Espíritu endeudado la carga de superficie, liberándose de los elementos degradantes que lo rodean y envilecen; con todo, al revelar las primeras señales de una positiva renovación con el bien, recibe el auxilio de las Esferas Superiores que, en calidad de agentes innumerables, brindan el apoyo de los servicios de la Luz Divina a todo aquel sector donde la ignorancia y la crueldad moran y actúan en las sombras.

Cual enfermo, ahora acogido en otros sectores por la decidida convalecencia de que da testimonio, el deudor disfruta una suficiente serenidad para revisar sus compromisos asumidos en la encarnación recientemente abandonada, evaluando los males y sufrimientos de que es responsable, acusándose a sí mismo, pero siendo incapaz de perdonarse, en mayor medida cuando más fueran las oportunidades que se le brindaron para su elevación y la luz del conocimiento.

Muchas veces, ascienden a escuelas beneméritas, en las cuales recogen las más altas nociones de la vida, perfeccionándose en la instrucción, dominando sus impulsos, ejerciendo provechosas actividades y aumentando su propio crédito; sin embargo, los recuerdos de sus errores voluntarios, aun cuando sus víctimas hayan superado todas las secuelas de los golpes recibidos, se conservan en las entrañas de su Espíritu como simientes de su destino, estimulándoles el reconocimiento de la necesidad de su promoción a niveles más nobles, lo que los lleva a pedir nuevas reencarnaciones con las pruebas correspondientes para liberarse y concienciarse consigo mismos.

En tales casos, la elección de la experiencia es más que legítima, dado que, a través de la renovación operada en el umbral, en las regiones rectificadoras, y por los títulos adquiridos con los trabajos a los que se entrega en el plano extrafísico, merece la criatura los cuidados preparatorios de la nueva etapa que tiene en vista, a los fines de que haya una conjugación de todos los factores para que se reencuentre con sus acreedores o las circunstancias imprescindibles, a través de los cuales se redima ante la Ley.

* Reencarnaciones especiales

Mientras tanto, muchas veces se procesan reencarnaciones sin hacer ninguna consulta a los que necesitan de ellas para cumplir ciertas luchas en el plano físico, providencias ésas comparables a las que asumimos en el mundo con enfermos y criminales que, por su propia condición o conducta, perdieron temporalmente la facultad de resolver en cuanto al destino que les conviene, en el lapso en que perdure la enfermedad o se mantengan las determinaciones de la justicia.

Son problemas especiales en que la individualidad renace con el cerebro parcialmente inhibido o padeciendo mutilaciones congénitas, junto a quienes les deben abnegación y cariño.

Incapaces de elegir el camino equilibrante por el estado de locura o de sufrimiento que muestran, tales enfermos son decididamente internados en la celda física como enfermos aislados bajo asistencia adecuada.

Es así como los vemos resurgiendo en hogares fastuosos o paupérrimos, contrariando, muchas veces, las normas que rigen la herencia, por representar dolorosas excepciones en el camino normal.

* Reencarnación y evolución

Urge reparar, sin embargo, en que la reencarnación no es un mero principio regenerativo.

La evolución natural en ella encuentra un firme apoyo. Criaturas ennoblecidas con la bondad, en muchas ocasiones requieren conocimientos enaltecedores, así como muchas que se agigantaron con la inteligencia permanecen anémicas de virtud.

Otra gran cantidad de ellas, aunque habiendo conquistado preciosos valores en los dominios del corazón y del cerebro, después de una larga estancia en el plano extrafísico, sienten hambre de progreso renovador por estar inhabilitadas, aún, para ascensiones mayores, por lo que renuncian a la tranquilidad que disfrutan en grupos afines, dado que, en el crisol efervescente de la carne, analizarán sus propias imperfecciones que le serán sometidas a prueba, con mayor amplitud, en las rudas experiencias de la vida humana, logrando con ello un más avanzado margen de enseñanza, depuración y transformación.

Eso no significa que la conciencia desencarnada deje de encontrar posibilidades de expansión en las ciudades espirituales que gravitan en torno de la Tierra. Otras modalidades de estudio y trabajo le aseguran allí nuevos factores de evolución; sin embargo, un muy escaso porcentaje de criaturas humanas adquieren, más allá de la muerte, acceso definitivo a los planos superiores.

La más amplia mayoría está aún ligada a las ideologías y razas, patrias y realizaciones, familias y hogares del mundo.

Y es por esa razón que artistas eméritos, al notar el curso diferente de las escuelas que dejaran en el planeta, se sienten irresistiblemente atraídos por la reencarnación, a efectos de enriquecer y preservar sus patrimonios.

Científicos eminentes, interesados en la continuidad de emprendimientos redentores que dejaran en manos ajenas, vuelven al trabajo y a la experimentación entre los hombres y, con el mismo espíritu misionero, religiosos y filósofos, profesores y conductores, hombres y mujeres que se distinguen por nobles aspiraciones retornan, por decisión propia, a la esfera física, en sagradas acciones de auxilio que les valen honrosas conquistas de sublimación en la escalada hacia la Divina Luz.

Entendamos, de tal manera, que tanto la regeneración como la evolución no se verifican sin precio ni esfuerzo.

El progreso puede ser comparado a una montaña que nos cabe trasponer sufriendo, naturalmente, los problemas y las fatigas de la marcha; mientras que la recuperación o la expiación pueden ser consideradas como esa misma subida, debidamente recapitulada, a través de dificultades y engaños, trampas y espinos que nosotros mismos hemos creado.

Sin embargo, si supiéramos sudar con el trabajo honesto, no precisaremos sudar y llorar por el rescate justo.

Y no se diga tampoco que todos los infortunios de la marcha de hoy sean debitados por los compromisos de ayer, puesto que, con la prudencia y la imprudencia, con la pereza y con el trabajo, con el bien y con el mal, mejoramos o agravamos nuestra situación, por lo que es preciso reconocer que cada día, en el ejercicio de nuestra voluntad, creamos nuevas causas que rehacen nuestro destino.

* Particularidades de la reencarnación

Se podrá preguntar, razonablemente, si existe una técnica invariable en el proceso reencarnatorio. Ello sería lo mismo que indagar si la muerte en la Tierra es única en sus manifestaciones en todas las criaturas.

Cada Entidad reencarnante presenta particularidades esenciales en la recorporificación a que se entrega en la esfera física, dado que cada persona expone características diferentes cuando enfrenta el trance de su liberación, a pesar del nacimiento y la muerte parecer iguales.

Los Espíritus categóricamente superiores, casi siempre, en ligación sutil con la mente materna que le ofrece guarida, pueden plasmar por sí mismos y, no raramente, con la colaboración de instructores de la Vida Mayor, el cuerpo con que continuarán sus futuras experiencias, interfiriendo en las esencias cromosómicas con miras a las tareas que han de desempeñar.

Los Espíritus categóricamente inferiores, padeciendo monoideísmo tiranizante, la mayoría de las veces, entran en simbiosis fluídica con los organismos femeninos a los que se ligan, experimentando el debilitamiento del cuerpo espiritual, o sea el fenómeno de ovoidización, siendo inevitablemente atraídos al órgano uterino, en circunstancias adecuadas, para que la reencarnación se cumpla en moldes enteramente dependientes de la herencia, tal como acontece a la simiente que, después de desligarse del fruto seco, germina en el suelo, conforme a los principios organogénicos a que obedece, luego de haber encontrado el favor del ambiente.

Entre ambas clases, sin embargo, contamos con millones de Espíritus de evolución media, portadores de créditos apreciables y deudas innumerables, cuya reencarnación exige cautela en la preparación y esmero en la previsión.

* Reducción del cuerpo espiritual

Institutos de escultura anatómica funcionan, en razón de ello, en el Plano Espiritual, diseñando formas diversas a efecto de orientar con mapas o prefiguraciones del trabajo que a los reencarnantes competirá más tarde desarrollar.

Cuerpos, miembros, órganos, fibras y células son ahí esbozados y estudiados, antes que se definan los comienzos de la rematerialización terrestre, dado que, en tales casos, en que el alma oscila entre méritos y deméritos, la reencarnación permanece bajo los auspicios de autoridades y servidores de la Justicia Espiritual que administra recursos a cada aprendiz de la sublimación, de acuerdo con las obras edificantes que consten en el historial de su existencia.

Para eso, los candidatos a la reencarnación, sin la superioridad suficiente para supervisar con su propio criterio y distantes de la inferioridad primitivista que de ellas haría esclavos absolutos de la herencia física, son admitidos en instituciones-hospitales en que magnetizadores desencarnados, suficientemente competentes por su nobleza íntima, se encargan de aplicarles fluidos balsamizantes que los adormecen, por períodos variables, de conformidad con la evolución moral que tengan, a efecto de que los principios psicosomáticos se adapten a la justa reducción, por obra de la somnoterapia.

De ese modo regresan a la cuna humana en las condiciones precisas y adaptados al nuevo cuerpo, cual trabajador poseedor de virtudes y defectos a quien se concede un nuevo uniforme de trabajo y otra oportunidad de realización.

* Cuerpo físico

Paternidad y maternidad, raza y patria, hogar y sistema consanguíneo son conjugados con previsora sabiduría para que no falten a los reencarnantes todas las posibilidades necesarias para alcanzar el éxito en el emprendimiento que inician.

Señor de las conquistas logradas que afloran en su Ser con la forma de tendencias e impulsos, el Espíritu recibe un cuerpo físico enteramente nuevo, con olvido temporal, pero no absoluto, de las experiencias pretéritas, cuerpo con el cual deberá enfrentar las circunstancias, favorables o no, del camino que debe recorrer, para proseguir la obra digna en que se halla empeñado o para rectificar las lecciones en que haya fracasado.

En esas directrices, no siempre estará integrado normalmente en la posición en que la vida mental y el campo somático muestran una sinergia ideal.

A veces, deberá sufrir mutilaciones y enfermedades benéficas, inhibiciones y dificultades orgánicas de carácter inevitable, dado que, de aprendizaje en aprendizaje y de tarea en tarea, al igual que el alumno, de grado en grado, marcha hacia las grandes metas educativas, por las que se erigirá, victorioso, hasta la ascensión a la Inmortalidad Celeste.

Uberaba, 09-04-1958

Extracto de Evolución en dos mundos a través de Chico Xavier 
Obra mediúmnica dictada por el Espíritu ANDRÉ LUIZ