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El año 2018, numerológicamente es un año 11.

Una influencia 11 nos invita a la alta espiritualidad por ser un número maestro. Entendiendo espiritualidad como el encuentro íntimo con nuestro espíritu, o sabiduría interna. Es un tiempo de reconciliación.

Y tú te preguntarás: ¿Reconciliación con quién?
Reconciliación con los aspectos tuyos que no has reconocido aún y que dependiendo de cada ser humano pueden ir desde la rabia, la agresividad, el egoísmo, la intolerancia, hasta el amor, la compasión, la inteligencia, la resiliencia, la generosidad…

Todos los seres humanos poseemos polaridades, unas veces nos vamos para un extremo y otra veces nos vamos al otro, desconociendo uno de ellos. La idea es que aprendamos a reconocer nuestras polaridades para luego poder integrarlas armónicamente. Tenemos dentro de sí la amabilidad y la agresividad; la acción y la pasividad; lo bonito y lo feo, un lado de luz y uno de oscuridad.

La forma que tiene el universo de mostrarnos lo que aún nos falta resolver o reconocer, es a través del otro. El otro es nuestro espejo. Por ello, un año 11 también es un tiempo propicio para trabajar las relaciones (de pareja, con socios, compañeros de trabajo, hermanos y en general, cualquier persona que no seas tú). La interrelación con el otro nos permitirá desarrollar la cooperación, la tolerancia, la mediación, la capacidad de servicio y encontrar el equilibrio entre los dos polos para que no caigamos en el papel de sumisos o dominantes. Justo allí está el arte de integración armónica, el encontrar el punto justo donde utilicemos cada aspecto nuestro, de manera perfecta, en el momento justo.

Hace falta el miedo como un mecanismo de alerta para sobrevivir, pero no podemos vivir siempre desde el miedo. Hace falta la tolerancia para llevar una relación de bienestar con el otro, pero debemos aprender a poner límites para evitar los abusos y así sucesivamente.

Esta influencia 11, nos permite calibrar nuestras relaciones con los demás, aunque para hacerlo, tenemos que trabajar primero en nosotros mismos, desarrollando así la espiritualidad.

Dentro de este contexto de armonización de nuestros contrarios, entramos en el mes de febrero que es un 13.

Es un período de transformación, de muerte. Muerte de esos aspectos rígidos, de limitaciones, de patrones tóxicos, de esas viejas estructuras mentales, emocionales y físicas que no nos dejan avanzar. Las experiencias que nos tocará vivir en este mes, pueden ser difíciles en tanto nos resistamos a cambiar y nos aferremos a la zona cómoda. Vendrán circunstancias que nos harán salirnos de nuestros esquemas y paradigmas. Las soluciones que siempre nos habían funcionado, ya no servirán y tendremos que reinventarnos. La idea es trabajar desde la planificación, el orden, la organización, la responsabilidad, pero con estructuras flexibles que nos permitan el avance y no se quiebren ante los vientos de cambio.

Espero que sepas aprovechar al máximo estas influencias del mes.
Un gran abrazo,

Ing. Carolina Martínez
Almas en Resonancia

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