@solitalo

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El Leteo o río del olvido, es uno de los ríos según la mitología clásica, que atravesaban el Hades (la tierra de los muertos), desembocando en la laguna Estigia. Su nombre lo toma de sus mágicas propiedades, pues todo aquel que bebía de sus aguas, perdía irremediablemente la memoria. Dicho río tenía un gemelo, el río Mnemosine o río de la memoria, el cual otorgaba un conocimiento digno de un inmortal. Sin embargo, era imposible diferenciar uno de otro, de modo que aquellos valientes que descendían al submundo en busca de sabiduría eterna, corrían el peligro de olvidar hasta quienes eran y quedar vagando en el Hades por los siglos de los siglos si bebían del río equivocado.

Cuando los romanos llegaron a la península y comenzaron la explotación minera en el área galego-leonesa, relacionaron el río Limia (Ourense y Viana do Castelo -Portugal-) con el Leteo, a causa de su riqueza aurífera (pues por todos es conocido los tesoros que las entrañas del Hades albergan). De este modo, durante años el río Limia quedó sin explotar por el miedo popular de los mineros hacía las propiedades mágicas de Leteo.

Harto de esta situación, el cónsul Decio Junio Bruto, decidió desafiar la creencia en el 138 aC y beber de las aguas del Limia, demostrando que éste no era el Leteo (o si lo era, que los poderes que a este se atribuían eran totalmente ficticios). Esto permitió al cónsul acceder al tesoro aurífero del río, pero sobre todo al tesoro del conocimiento superando las barreras mentales de sus contemporáneos.

¿O no sería en realidad que Decio se equivocó y no estaba bebiendo de las aguas de Leteo sino de Mnemosine?…

Leteo: cuyo nombre significa “olvido” era una divinidad nacida del Éride (La Discordia), concebida como una abstracción, y hermana de Hipno (el Sueño) y Tánato (la Muerte). Un río del Hades llevaba su nombre (Leteo) y en sus aguas tranquilas las almas de los muertos bebían el olvido de su vida terrestre.

En las doctrinas que postulaban la reencarnación, las almas, purificadas de sus antiguas manchas después de una estancia más o menos larga en el Hades, bebían sus aguas para perder todos los recuerdos del mundo subterráneo, que iban a abandonar para entrar en un nuevo cuerpo.

En La divina comedia, la corriente del Leteo fluye al centro de la tierra desde su superficie, pero su nacimiento está situado en el Paraíso Terrenal localizado en la cima de la montaña del Purgatorio.

En la mitología griega, el mito de Orfeo nos cuenta que Dionisos dijo a Orfeo que para encontrar el reino de Hades, este debería ser capaz de cruzar el Leteo, el río del olvido, donde las almas de los muertos bebían de sus aguas para olvidar su existencia terrenal.

Pero los griegos tenían otro río de aguas milagrosas: Mnemósine, también ubicado en el Hades, cuyas aguas permitían recordar todo lo que el Leteo había barrido de la memoria.

Entre los iniciados en los misterios antiguos existía una doctrina que explicaba cómo eludir las aguas del Leteo tras la muerte, y de esta forma engañar la vigilancia de Hades, y en cambio beber las aguas amargas del Mnemósine. 

Al igual que el Leteo, Mnemósine fue perdiendo su naturaleza fluvial. Con el tiempo se transformó en Mnemosina, que significa “la memoriosa”, madre de las Musas que personificaba la memoria.

En la Teogonía, Hesíodo sostiene que todo aquel que sea capaz de formular palabras de autoridad le debe su don al patrocinio de Mnemósine. En otras palabras, que la inspiración se produce gracias a la memoria y no a la imaginación.

Para Platón: Tras la caída del alma, esta se sume en el olvido y dependiendo de la cantidad de realidad que ha logrado asimilar, adopta la forma de un cuerpo con una determinada orientación en la vida (filósofo, rey, político, atleta, profeta, poeta, artesano, sofista y tirano).

Es un proceso cíclico en el que el alma se reencarna de manera continua siendo castigada o recompensada dependiendo de lo hecho en su vida anterior y del que sólo el alma del filósofo conocedor de las verdades eternas es capaz de escapar.

Sin embargo, en Homero no hay vestigio alguno de que el alma sea inmortal, y aunque sea para nosotros quien separa por primera vez cadáver (soma) y alma (psiqué), la sombra del Hades es alma solo. Es cierto que este alma se concibe todavía en términos de doble del muerto, pero el divorcio es absoluto desde el momento en que esas almas van a parar a un mismo lugar lejano, el reino de Hades, totalmente inasequible al mundo de los vivos. Homero posee la concepción primitiva de alma como doble, pero también la supera, pues hay una tajante división entre el hombre vivo y el doble del muerto.