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Desde el punto de Luz en la Mente de Dios,
Que afluya luz a las mentes de los hombres;
Que la Luz descienda a la Tierra.

Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios,
Que afluya amor a los corazones de los hombres;
Que Cristo retorne a la Tierra.

Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida,
Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres;
El propósito que los Maestros conocen y sirven.

Desde el centro que llamamos la raza de los hombres,
Que se realice el Plan de Amor y de Luz,
Y selle la puerta donde se halla el mal.

Que la luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.

La belleza y la fuerza de esta Invocación reside en su sencillez y en que expresa ciertas verdades esenciales, que todos los hombres aceptan innata y normalmente, como son la verdad de la existencia de una Inteligencia básica a la que vagamente damos el nombre de Dios; la verdad de que, detrás de todas las apariencias externas, el Amor es el poder motivador del Universo; la verdad de que vino a la Tierra una gran Individualidad – llamada Cristo por los cristianos – que encarnó ese amor para que pudiéramos comprenderlo; la verdad de que el amor y la inteligencia son, ambos, efectos de la Voluntad de Dios; y finalmente, la verdad evidente de que el Plan divino sólo puede desarrollarse a través de la humanidad misma.

Toda la Invocación se refiere a ese inminente, influyente y revelador depósito de energía, causa inmediata de todos los acontecimientos sobre la Tierra, que indican el nacimiento de algo nuevo y mejor; estos acontecimientos demuestran el avance de la conciencia humana hacia una mayor luz.

Por lo general, el llamamiento invocador ha sido, hasta ahora, de naturaleza egoísta y formulado ocasionalmente. Los hombres han rezado por ellos mismos; han invocado la ayuda divina por aquellos a quienes aman, y han dado a sus necesidades fundamentales una interpretación material. Esta Invocación es una plegaria mundial; no contiene ninguna demanda personal ni anhelo invocador transitorio; expresa la necesidad de la humanidad y supera todas las dificultades, dudas e interrogantes, llegando directamente a la Mente y al Corazón de Aquel en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser; Aquel que permanecerá con nosotros hasta el fin de los tiempos y “hasta que el último cansado peregrino haya encontrado su camino de vuelta al hogar”.

SIGNIFICADOS MÁS PROFUNDOS DE LA GRAN INVOCACIÓN

Si se divulga ampliamente esta Gran Invocación, podrá ser para la nueva religión mundial lo que el Padre Nuestro ha sido para la cristiandad, y el Salmo 23 para el judío de mentalidad espiritual. Existen tres tipos de acercamiento a esta gran Plegaria o Invocación:

El del público en general.
El de los esoteristas, aspirantes y discípulos del mundo.
El de los Miembros de la Jerarquía.
En primer lugar, el público en general la considerará como una plegaria al Dios Trascendente, aunque no le reconozca, aún, como inmanente en su creación, y la elevará en alas de esperanza (esperanza de luz, de amor y de paz, que todos anhelan incesantemente). También será considerada como plegaria para iluminar a los gobernantes y dirigentes de todos los grupos que manejan los asuntos mundiales; como ruego para que fluya amor y comprensión entre los hombres y vivan mutuamente en paz; como demanda para cumplir la voluntad de Dios, sobre la cual la gente nada puede saber y a la que considera tan inescrutable y omniabarcante, que su reacción normal es esperar y creer; como plegaria para fortalecer el sentido de responsabilidad humana, a fin de que los males actuales reconocidos – que tanto angustian y confunden a la humanidad – puedan ser eliminados y que alguna indefinida fuente del mal pueda ser refrenada. Finalmente será considerada como una oración para restablecer una condición primordial e igualmente indefinida, de felicidad beatífica, y para que desaparezca todo sufrimiento y todo dolor en la Tierra. Todo esto es bueno y útil para la gente en general, y es lo nico que puede efectuarse de forma inmediata.

En segundo lugar, los esoteristas, los aspirantes y quienes están espiritualmente orientados, lograrán un acercamiento más profundo y más comprensivo. Reconocerán el mundo de las causas y a quienes se hallan subjetivamente detrás de los asuntos mundiales, los Dirigentes espirituales de nuestra vida. Ellos están preparados para alentar a quienes poseen verdadera visión, y para indicarles no sólo la razón de los acontecimientos suscitados en los distintos sectores de la vida humana, sino también la revelación de aquello que permitirá a la humanidad pasar de la oscuridad a la luz. Si se adopta esta actitud fundamental, será evidente la necesidad de difundir ampliamente los hechos ocultos, iniciándose una era de divulgación espiritual, ideada por los discípulos y llevada a cabo por los esoteristas. Esta era comenzó en 1875 cuando se proclamó la realidad de la existencia de los Maestros de Sabiduría, prosperando a pesar del menosprecio, de las negativas y de las erróneas interpretaciones. Ha sido útil el reconocimiento de la naturaleza sustancial de lo que puede ser corroborado y la respuesta intuitiva de los estudiantes esotéricos y de muchos intelectuales de todo el mundo.

Un nuevo tipo de místico se está reconociendo; difiere de los místicos del pasado porque se interesa, de forma práctica, por los acontecimientos mundiales y no únicamente por las cuestiones religiosas y eclesiásticas; se caracteriza por la falta de interés en su propio desarrollo personal, por su capacidad para ver al Dios Inmanente en toda creencia – no sólo en su propia y determinada creencia religiosa -, y también por la capacidad de vivir su vida a la luz de la divina Presencia. Todos los místicos han podido hacerlo en mayor o menor grado, pero el místico moderno es capaz de indicar a los demás, con toda claridad, las técnicas a seguir en el Sendero; combina mente y corazón, inteligencia y sentimiento, más una percepción intuitiva de las que, hasta ahora, carecía. No sólo la paz de su propia alma, sino también la clara luz de la Jerarquía espiritual iluminan, ahora, el camino del místico moderno: y esto irá acrecentándose.

En tercer lugar, ambos grupos — el público en general y los aspirantes mundiales en sus diversos grados — tienen, entre ellos, a quienes se destacan de lo común porque poseen una visión y una comprensión más profundas; ocupan la “tierra de nadie”, por un lado, entre las masas y los esoteristas, y por otro, entre los esoteristas y los Miembros de la Jerarquía. No hay que olvidar que ellos, también, emplean la Gran Invocación, y que no pasa un día sin que el propio Cristo la entone.

El empleo de esta Invocación o Plegaria, más la creciente expectativa por la venida de Cristo, ofrecen, hoy, la máxima esperanza para la humanidad. Siempre han venido Nobles Hijos de Dios, en respuesta a la demanda de la humanidad, y siempre vendrán, y Aquel a quien todos los hombres esperan, está en camino.

Tomado de:lucistrust.org